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	<title>Rompiendo dicotomía &#187; El redactor</title>
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	<description>Confesiones, desvaríos y demases</description>
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		<title>El redactor V (Final)</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2008 06:56:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[El redactor]]></category>
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		<description><![CDATA[El primer palazo fue el mas duro, clavo la pala en la tierra y dudo en hacerlo, pero con lagrimas brotán­dole de los ojos igual lo hizo. Otro palazo, esta vez mas fácil que el anterior. Con cada palazo las lagrimas fueron desapareciendo y cada vez fue mas fácil terminar de rellenar el pozo. A [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El primer palazo fue el mas duro, clavo la pala en la tierra y dudo en hacerlo, pero con lagrimas brotán­dole de los ojos igual lo hizo. Otro palazo, esta vez mas fácil que el anterior. Con cada palazo las lagrimas fueron desapareciendo y cada vez fue mas fácil terminar de rellenar el pozo.</p>
<p>A pesar de ser un cajón fúnebre, ofrecía un cómodo lugar para dormir, ahora comprendía por qué le gustaba esa cama a los vampiros. Escucho caer el primer montón de tierra, mucho mas tarde vino otro y el siguiente con menos retraso hasta que tomaron un ritmo constante, parecía una monótona pero hermosa me­lodía. Los estampidos fueron cada vez menores, como si le bajaran el volumen para obligarlo a dormirse. Cuando los ruidos cesaron supo que no había marcha atrás, solo restaba esperar un par de horas. Esperar.</p>
<p><span id="more-53"></span>Tiro el ultimo montón de tierra. Tomo asiento a un costado del pozo y lloro. Limpio las lagrimas con las manos y se percato de los guantes, tan sucios como la tarea que realizo. No los soporto y se los saco con asco, miro otra vez las manos y seguían sucias.</p>
<p>— ¿Que me hiciste hacer? —Pregunto entre lagrimas mirando una tumba imaginaria— ¿Por que yo? ¿Por que? ¿Como pensas que voy a vivir con esto?&#8230; ¡Habla!</p>
<p>Lloraba con tristeza y odio. Se paro y tomo la pala, la hundió en la tierra recién puesta, decidido a sa­carlo. Se arrepintió. Tomo los guantes, la pala y se fue por un costado, pasando por una puerta que siempre suele estar abierta.</p>
<p>Media hora. El lugar comienza a perder la comodidad de a poco. Respira lento, tratando de contener el aire en los pulmones todo el tiempo posible. La muerte se acerca al mismo paso que su respiración, la ve.</p>
<p>Gabriel camina hasta una calle iluminada, es una avenida y a esa hora esta desierta. Deja la pala a un costado y se sienta recostándose en una pared. Saca el sobre del bolsillo y lo mira con curiosidad, trata de adivinar su contenido. Lo abre resignado, sin ganas.</p>
<p class="special-text">Gabriel:</p>
<p class="special-text">Hablar con vos fue lo mas difícil que afronte en esta vida, incluso mas difícil que tomar la decisión de suicidarme. Casi nunca hable de mi, siempre lo esquive, y cuando escribía me escondía en las palabras. En mi biblioteca están todas las cosas que escribí, me tome el trabajo de leerlas y remarcar las cosas relacionadas con mi vida; en un cajón hay cosas escritas relacionadas con las cosas remarcadas, en el sobre encon­traras la llave.</p>
<p class="special-text">En todo este tiempo que hable con vos aprendí bastante de mi, me entendí mas de lo que pensaba hacerlo. Todavía no puedo creer todo lo que hice y lo que voy a ha­cer.</p>
<p>Una hora. Estar en la misma posición lo aburre, trata de moverse un poco, pero es mas doloroso que estar quieto. Frustrado vuelve a quedarse inmóvil. Esta tranquilo, relajado, la temperatura del pequeño ambiente subió apenas unos grados y todavía queda oxigeno para una hora mas, tal ves dos.</p>
<p class="special-text">No puedo vivir mas con las alucinaciones, veo a todos mis personajes, veo re­petir todas las cosas que hacen en mis historias, es horrible, hay veces que me cuesta distinguir la realidad. Las pastillas los espantan pero vivir drogado no es vivir, es su­frir en vida, no me gusta.</p>
<p>Hora y media. Transpira, la respiración es rápida y cortada. El dióxido de carbono hace que el cajón sea como un horno al mínimo. La muerte acelera su paso. Los músculos están dormidos. Esta asustado, los ojos van de una lado a otro.</p>
<p class="special-text">Desde el primer momento en que te vi me caíste bien, me diste confianza para hablar, es por eso que te elegí para este trabajo. Ruego tu perdón, se que todo el dinero que te pague y el que vas a ganar no es suficiente para recibir tu perdón, poro mas no te puedo ofrecer.</p>
<p>Dos horas. Tantea el revolver, sigue ahí. La temperatura subió, ya es insoportable. La experiencia le pa­rece buena, es tal cual se la imagino tantas veces. Saca el revolver, pesa mas que antes, ya casi no tiene fuerzas para llevar el cañón debajo de la mandíbula, el movimiento es lento y tedioso, dolorosamente te­dioso.</p>
<p class="special-text">Ahora debo estar muriéndome, espero que me logres entender algún día y me logres perdonar por obligarte a enterrarme. Espero que sea agradable mi muerte, no te preocupes por si sufro, tengo una Smith &amp; Wesson en mi bolsillo por si la asfixia se vuelve insoportable.</p>
<p>Dos horas cinco minutos. El cañón del revolver llega a destino, en cualquier momento el oxigeno en la sangre será tan escaso que el cerebro no recibirá lo suficiente para permitirle estar consiente. Se desmaya­ra, y después de unos minutos mas dejara de respirar.</p>
<p class="special-text">Disfruta lo mejor posible la vida.</p>
<p class="special-text">Adiós.</p>
<p class="special-text">Julián</p>
<p class="special-text">P.D.: Perdón.</p>
<p>Dos horas diez minutos. Transpira cada vez mas. Ahora el horno esta al máximo. Cada vez le cuesta mas abrir los ojos, sabe que de un momento a otro se desmayara. Cuesta jalar el gatillo, no por la decisión sino por qué esta muy débil para hacerlo. Elige no desmayarse. Hace una ultimo esfuerzo con el dedo índice. La bala atraviesa la mandíbula con facilidad, la lengua y el paladar tampoco ofrecen mucho reto. Atraviesa un poco de carne, logra pasar con una enorme gracia por entre las arrugas y la carne blanda del cerebro hasta que se topa con un adversario digno, el cráneo. Le cuesta atravesarlo pero lo consigue, sale por el medio de las dos sien y arriba de la nuca, clavándose en el cajón. Se encuentra tapada por una fina capa de sangre y astillas de huesos. El agujero de salida es dos veces mas grande que la bala, y esta rodeado por pedacitos de cerebros que se pegan al cabello. La muerte llego y ahora se siente libre y en paz con el mundo.</p>
<div class="img-center img-deco"><img title="Julian muerto" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/09/redactor05.png" alt="Julian muerto" width="450" height="284" /></div>
<p>Gabriel llora aun mas, se cree usado. Guarda la llave, aprieta la carta con odio.</p>
<p>— Hijo de puta, lo tenias todo preparado, me usaste.</p>
<p>Se paro y fue hasta su casa, a tratar de dormir. La desaparición de Julián revoluciono los medios, el se­reno del cementerio se dio cuenta de la nueva lapida y la policía exhumó el cuerpo de Julián. Lo encontra­ron con un balazo en la cabeza y en estado de descomposición, caratularon todo como suicidio. El testa­mento de Julián se hizo publico, como Julián ordeno. Un mes después su biografía llego a las librerías y los fanáticos arrasaron con ella. Justo como Julián quería.</p>
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		<title>El redactor IV</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Oct 2008 04:36:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[El redactor]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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		<description><![CDATA[Julián esbozo una leve sonrisa, riéndose de su propio cinismo, la risa era su forma de escaparse del vacío, de salir de su vida, aunque para ello tenga que clavarse una daga en el corazón. Gabriel acompaño la leve sonrisa con otra mas pequeña, solo por obligación. — ¿Alguna vez escribiste sobre algún problema tuyo? [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Julián esbozo una leve sonrisa, riéndose de su propio cinismo, la risa era su forma de escaparse del vacío, de salir de su vida, aunque para ello tenga que clavarse una daga en el corazón. Gabriel acompaño la leve sonrisa con otra mas pequeña, solo por obligación.</p>
<p>— ¿Alguna vez escribiste sobre algún problema tuyo?</p>
<p>Julián volvió a reír, esta vez era una risa un poco macabra, casi siniestra. Estaba saliendo del abismo y Gabriel lo volvió a empujar.</p>
<p>— Es de lo único que escribo.</p>
<p>— A mi no me parece así —refuto Gabriel.</p>
<p>— Siempre escribo acerca de mi —insistió Julián.</p>
<p>— Me leí todas tus novelas, cuentos, ensayos, artículos periodísticos, todo y nada hablaba sobre vos, incluso las precarias biografías de las solapas de tus libros, nada, tu vida es un misterio.</p>
<p>— Comencé escribiendo sobre mi, sobre lo que pasaba, luego se lo atribuí a distintos personajes, les di ideas, miedos, experiencias, fantasías, deseos, actitudes, etc., pero desde lo primero que escribí tomo como costumbre esconderme. Mi vida esta contada en mis obras, solamente tienen que buscar muy bien.</p>
<p>— ¿Por qué haces eso?</p>
<p>— Aunque no lo creas me cuesta hablar de mi, por eso escribo y se lo atribuyo a otros. Esconder mis cosas entre los personajes es una especie de capricho, o juego, y me gusta mucho hacerlo.</p>
<p>Gabriel apago el walkman y Julián toco fondo. Esta noche había escuchado demasiado, trato de organi­zarlo todo pero había algo que no cerraba. Repaso toda la charla, pregunta a pregunta, hasta que lo encon­tró.</p>
<p><span id="more-52"></span>Julián bajó otra ves, rodeo la lapida y toco el relieve con las manos. Cerro los ojos y pensó una ultima vez la decisión que tomó. Debía hacerlo. Un clic lo trajo a la realidad.</p>
<p>— Julián, hay algo que no me cierra.</p>
<p>— Habla.</p>
<p>— ¿Por qué escribís?</p>
<p>— Ja, pensé que lo habías entendido.</p>
<p>— No.</p>
<p>— Esta bien, te lo voy a decir. Escribo para despejar mi cabeza, para mostrarme al mundo aunque me oculte al hacerlo, escribir me hace sentir importante, me libera. Pero el motivo mas importante es que me gusta mucho, aunque seguir escribiendo sea un suicidio lo voy a seguir haciendo y voy a morir feliz.</p>
<p>— Y tengo otra pregunta —Julián hizo un gesto de afirmación— Si tanto te cuesta hablar de vos y tanto te escondes al hacerlo ¿Por qué me llamaste?</p>
<p>— Necesitaba hablar con alguien, y ahora que te conozco bien te voy a pedir un favor, pero debemos saberlo únicamente nosotros.</p>
<p>Gabriel no opino, apago el walkman y lo guardo en un bolsillo mirando con ansiedad a Julián. Julián saco un sobre de su bolsillo y se lo entrego a Gabriel.</p>
<p>— Tiene unas instrucciones para que termines mi biografía y algo para que leas, pero no ahora. Me te­nes que ayudar con algo que no puedo hacer solo. Me tenes que enterrar.</p>
<p>— ¿¡Cómo!? —Respondió Gabriel ante el insólito pedido.</p>
<p>— Para que te pensas que arme todo esto —Julián miro de soslayo la tumba abierta— ya hable con el sereno, piensa que estoy haciendo una investigación para un libro. Dale es fácil, me meto en el cajón, lo cerras y tapas el hueco.</p>
<p>— No. Mientras hablábamos pensé que eras un poco excéntrico, pero ahora me doy cuenta que estas loco</p>
<p><img class="img-right" title="Paseo de Gabriel" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/10/paseo.png" alt="Paseo de Gabriel" width="450" height="337" />—Gabriel comenzaba a enfurecerse— me estas pidiendo que te mate.</p>
<p>— Que me suicides —Replico Julián.</p>
<p>— Es la misma mierda, ¿o no entendes? ¡Te voy a matar!</p>
<p>— Preciso que me ayudes con esto, no puedo hacerlo solo.</p>
<p>— Si te queres matar por qué no agarras un arma y te volas los sesos en vez de ensuciar mis manos.</p>
<p>— No quiero hacer eso, quiero morirme enterrado vivo.</p>
<p>— Me vas a decir que queres sentirte como un vampiro antes de nacer —Contesto Gabriel con ironía.</p>
<p>— Si, quiero sentir algo que imagine y escribí miles de veces, pero nunca lo viví.</p>
<p>— Estas loco.</p>
<p>— Eso ya no tiene importancia. Hable con mi abogado e hice un testamento, ahí figura que vas a sacar mi biografía, la única y va a estar avalada por mi. El libro va a ser totalmente tuyo, así que aparte de tus honorarios vas a recibir las ganancias del libro. Soy famoso y mi vida es un misterio, vos mismo lo dijiste, por lo que el libro se va a vender como pan caliente.</p>
<p>— ¡No!</p>
<p>— Es algo que necesito, no puedo seguir así y no puedo esperar la muerte —Gabriel estaba sintiendo un poco de pena, Julián saco unos guantes de su bolsillo y se los entrego— Para que no dejes huellas en la pala, después llevaté todo y quémalos, los restos de metal tíralos al río.</p>
<p>— Pensaste en todo ¿No?</p>
<p>— Mas de lo que crees.</p>
<p>Julián se dejo caer en el hueco, se metió en el cajón y se acomodo lo mejor que pudo. Gabriel miro como cerraba el cajón. Se puso los guantes y fue hasta la pala en silencio. Observo la leyenda de la lapida, Julián pensó en todo, era su lapida. Nombres, apellido, fecha de nacimiento y fallecimiento, hoy, una breve frase ocupaba el pie: “Escribir no fue una bendición ni una maldición, fue solo una droga que me estiro la vida.” Gabriel comenzó a llorar de tristeza, Julián realmente estaba atormentado por sus propios demo­nios.</p>
<p><a title="El redactor, quinta parte (Final!)" href="http://www.dientuki.com.ar/el-redactor-v-final/">Continuara&#8230;</a></p>
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		<title>El redactor III</title>
		<link>http://www.dientuki.com.ar/el-redactor-iii/</link>
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		<pubDate>Tue, 14 Oct 2008 01:20:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Julián se quedo callado, saco un cigarrillo y con la otra mano un encendedor. Lo encendió, dejándolo consumirse en su mano derecha. Volvió a tomar su lugar en la lapida. Necesitaba despejarse un poco y miro otra vez la gente alrededor de él. Encontró personajes nuevos, y descubrió animales rondando entre las tumbas. Asombrado miro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Julián se quedo callado, saco un cigarrillo y con la otra mano un encendedor. Lo encendió, dejándolo consumirse en su mano derecha. Volvió a tomar su lugar en la lapida. Necesitaba despejarse un poco y miro otra vez la gente alrededor de él. Encontró personajes nuevos, y descubrió animales rondando entre las tumbas. Asombrado miro hacia el cielo y entre las estrellas encontró a Grovi, un dragón, surcando el cielo con un gracioso vuelo. Unos de sus personajes mas queridos. Siguió por un rato el vuelo de Grovi con los ojos y la cabeza.</p>
<div class="img-center"><img title="Grovi" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/10/grovi.png" alt="Grovi" width="450" height="317" /></div>
<p>Gabriel enmudeció, sabia que uno de los requisitos para ser un escritor famoso es ser excéntrico y un poco &#8220;raro&#8221;, Julián los cumplía perfectamente. Cuando se ponía en ese estado era inútil apurarlo, debía esperar a que hable. Le llamo la atención verlo mover la cabeza tan irregularmente. Trato de ver lo que Julián veía, pero allí no había absolutamente nada. Es un escritor famoso, pensó. Julián dejo de seguir a Grovi, miro a Gabriel e interpuso el cigarrillo medio consumido entre ambos.</p>
<p><span id="more-51"></span>— Una amiga me contagio el vicio, a los 20, ahora enciendo uno por día y le doy un par de secas, aun­que no parezca las mujeres me influenciaron mucho, le debo la vida a una, otra me enseño a leer, otra a amar y sufrir, otra a escribir, y así puedo seguir toda la noche.</p>
<p>— Contame un poco sobre la que te enseño a leer.</p>
<p>— Carolina, compañera mía de la universidad, me abrió la cabeza con respecto a autores y géneros y me presto un libro muy importante en mi vida.</p>
<p>— ¿Que libro?</p>
<p>— Por cada libro, existen tantas interpretaciones, como personas en el mundo.</p>
<p>— Muy buena evasiva Julián.</p>
<p>— No es una evasiva, cada lector tiene su visión sobre un libro, mi visión me hizo ver algo, y seguro que a vos o a cualquiera le hará ver algo diferente a lo que yo vi, así que es anecdótico decirlo.</p>
<p>— Pero no deja de ser una evasiva —replico Gabriel con una leve sonrisa.</p>
<p>Julián lo miro fríamente, odiaba que indaguen en él cuando no lo deseaba. Gabriel borro la sonrisa y entendió el mensaje.</p>
<p>— ¿Quien te enseño a escribir? —pregunto seriamente Gabriel.</p>
<p>— Una princesa que luego se convirtió en sapo&#8230; y sigue siendo eso —Julián miro a Gabriel casi al borde de la carcajada— Ni bien termine de leer el libro conocí esta princesa. El libro me abrió la cabeza, la chica el corazón y necesitaba hacer algo con todo eso, y así empecé a escribir. Luego la princesa se convirtió en sapo y nunca mas la vi.</p>
<p>— Una historia interesante —acoto Gabriel.</p>
<p>— Podrías usarla para escribir una novela —bromeo Julián.</p>
<p>— Solo hago biografías de escritores famosos que alucinan a sus personajes.</p>
<p>Gabriel se asombro al ver el efecto del sarcasmo en Julián, casi se cae de la lapida por la gran carcaja­da. La risa de Julián lo contagio y ambos rieron unos segundos. Cuando la risa ceso Gabriel volvió a su trabajo.</p>
<p>— Contame un poco sobre como fue evolucionando tu modo de escribir.</p>
<p>— Como te dije, al principio fue como una válvula de escape para que mi cabeza no explote, escribía y luego me lo olvidaba. Después no, aprendí a retener la idea el tiempo necesario para escribirla y con eso vinieron las alucinaciones.</p>
<p>— Entonces las alucinaciones serian como el escape que te niegas a darles —dedució Gabriel.</p>
<p>— Puede ser&#8230; pero creo que es algo mas importante. No se como explicarlo pero escribir es mi vida, me sacas eso y me estas sacando el sentido de las cosas.</p>
<p>Gabriel sintió como Julián corría hacia el borde de un abismo. Ahora con ganas de saltar. Julián quería hablar, lo necesitaba, todavía no lo hacia, pero poco a poco lo estaba logrando, ya casi lo estaba por hacer y eso le da fuerzas para seguir intentando. Luego de la pausa Julián continuo hablando.</p>
<p>— Así como necesito escribir para seguir vivo, también me esta matando —Julián levanto el cigarrillo casi consumido mostrándoselo a Gabriel— Es como este cigarrillo para un fumador compulsivo, no puede vivir sin él, pero con él se muere de a poco, lo consume lentamente.</p>
<p>— ¿Te pasa eso cuando escribís?</p>
<p>— Si, ni bien empecé a escribir lo sentí, me agotaba, me cansaba, hubo veces que me dormía, pero no podía dejar de hacerlo. Siento que con cada palabra escrita dejo una parte de mi vida, la acorto, como cada cigarrillo fumado.</p>
<p>— Debe ser feo —trato de consolarlo Gabriel.</p>
<p>— Peor que estar entre la espada y la pared. Escribo y me muero, dejo de hacerlo y también me muero. Para ser sincero la muerte la prefiero agradable y buena, por eso no dejo de escribir.</p>
<p>— ¿Alguna ves hablaste de esto con alguien?</p>
<p>— Si, con un biógrafo que solo escribe acerca de escritores famosos que alucinan a sus personajes.</p>
<p><a title="El redactor, cuarta parte" href="http://www.dientuki.com.ar/el-redactor-iv/">Continuara&#8230;</a></p>
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		<title>El redactor II</title>
		<link>http://www.dientuki.com.ar/el-redactor-ii/</link>
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		<pubDate>Sat, 04 Oct 2008 15:22:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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		<description><![CDATA[Gabriel sospecho de la respuesta, conocía lo bastante a Julián como para saber cuando estaba mintien­do, y también sabia que era imposible obligarlo a decir la verdad, así que cambio de tema. — En todo este tiempo me leí todos tus cuentos y novelas, encontré bastantes similitudes en algunos que me llamo bastante la atención, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Gabriel sospecho de la respuesta, conocía lo bastante a Julián como para saber cuando estaba mintien­do, y también sabia que era imposible obligarlo a decir la verdad, así que cambio de tema.</p>
<p>— En todo este tiempo me leí todos tus cuentos y novelas, encontré bastantes similitudes en algunos que me llamo bastante la atención, también encontré grandes diferencias en otros.</p>
<p>— ¿Similitudes? —pregunto indignado Julián.</p>
<p>— Repetición de situaciones, lugares, características de personajes, pero casi nunca de tramas.</p>
<p>Julián se llevo una mano a la pera y se puso a pensar, no entendía el planteo de Gabriel.</p>
<p>— Nómbrame alguna.</p>
<p><span id="more-50"></span>— Por ejemplo, la noche, ¿Por qué en casi todos los lugares es de noche? —pregunto Gabriel.</p>
<p>— Mira a tu alrededor —respondió Julián extendiendo los brazos— ¿Que ves?</p>
<p>— Veo un cementerio común y corriente —respondió Gabriel un poco sorprendido por la pregunta.</p>
<p>— Yo no veo eso&#8230; veo una noche fría, con un cielo lleno de estrellas y grillos cantando a lo lejos. Pero eso no es lo mas importante. La noche, a diferencia del día, tiene paz y tranquilidad&#8230;</p>
<p>— No entiendo —interrumpió Gabriel.</p>
<p>— ¿Vez a alguien aparte de nosotros? —después de escuchar la obvia respuesta Julián siguió hablan­do— En el día este lugar se llena de gente, nadie habla con nadie, pero están, con eso ya te empézas a sen­tir juzgado y coménzas a actuar para caerle bien a la gente, así dejas de ser vos y comienzas a actuar mos­trando algo que no sos. En la noche eso no ocurre, de noche todos duermen y podes ser quien realmente sos.</p>
<p>— ¿Y cuando estas con amigos, o con una pareja?</p>
<p>— Es casi lo mismo, con los amigos actúas menos y con una pareja casi ni actúas&#8230;<br />
Julián se quedo callado, miro a Gabriel y luego continuo callado, no estaba listo para esa pregunta, me­nos aun para recordar esa parte olvidada de su vida. Cuando siguió hablando lo hizo con la mirada perdida y una voz muy triste.</p>
<p>— Hubo una noche parecida a esta, pero en otro lugar, y en vez de estar con vos estaba con una chica. La quería mucho&#8230; nos conocíamos bastante&#8230; le di un beso, mi primer beso, con el segundo me enamore y con el tercero sufrí. Con una pareja la noche alcanza su punto máximo, es lo mejor de la vida. Ahí no ac­túas nada, simplemente te entregas. Cuando estas con amigos, la noche pasa a ser divertida, sin soledad.</p>
<p>— ¿Desde cuando tenés esta idea?</p>
<p>— Desde siempre.</p>
<p>El walkman hizo un sordo clic, Gabriel lo observo y dio vuelta el cassette. Mientras Julián bajo de su lapida y volvió a mirar el lugar. Otra ves vio mucha gente y logro reconocer las caras de los presentes, todos eran personajes de sus cuentos y novelas.</p>
<div class="img-center"><img title="Julian" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/10/julian.png" alt="Julian" width="450" height="328" /></div>
<p>— ¿Es muy conocida mi breve estadía en el manicomio? —pregunto el entrevistado.</p>
<p>— Bastante, pero nunca se ha sabido el motivo.</p>
<p>— Después de que empecé a escribir me paso algo muy raro. Las historias que escribía pasaron a ocu­par un lugar en mi mente, les alquilaba una parte de ella y como renta podía seguir escribiendo la historia. Lo mismo ocurría con los personajes, pero de una forma muy diferente. Todos mis personajes son una face­ta de mi personalidad, con un pequeño valor agregado que les da vida propia. Podría decirse que mis per­sonajes tienen algo mío y yo algo de ellos. Al principio estuvo todo bien, pero después vinieron los pro­blemas —Julián hizo una pausa.</p>
<p>— ¿Cuales? —pregunto Gabriel, apresurando una respuesta.</p>
<p>— Mis personajes salieron de mi mente y se materializaron —Gabriel miro a Julián con una expresión extraña— Alucinaba mis personajes, los veía, luego comencé a hablar con ellos y ahí me llevaron al mani­comio.</p>
<p>— ¿No te explicaron el por que de las alucinaciones?</p>
<p>— Me dijeron que era stress y todo eso, también me dieron pastillas para el stress y mis alucinaciones. Las alucinaciones se fueron pero todo lo que escribía era una porquería, las pastillas estaban matando mis ideas, personajes, todo. Un día me canse y deje de tomarlas —Gabriel arqueo las cejas y abrió los ojos con asombro.</p>
<p>— ¿Dejaste de tomarlas?</p>
<p>— Si, necesito escribir tanto como necesito respirar, y me estaban matando.</p>
<p>— ¿Tanto necesitas escribir?</p>
<p>— Si yo te contara&#8230; —contesto irónicamente Julián.</p>
<p>— Estoy para eso, ¿O no te acordas? —Replico Gabriel.</p>
<p><a title="El redactor, tercera parte" href="http://www.dientuki.com.ar/el-redactor-iii/">Continuara&#8230;</a></p>
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		<title>El redactor I</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Sep 2008 03:18:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[El redactor]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[Redactor]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Por cada libro, existen tantas interpretaciones, como personas en el mundo&#8221; Faltaban diez para las nueve y el invierno oscureció el lugar. Gabriel se encontraba de nuevo frente a las enormes puertas. — La próxima ves que entre por estas puertas, será con los pies por delante —se dijo en voz baja. No solo en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Por cada libro, existen tantas interpretaciones, como personas en el mundo&#8221;</p>
<p>Faltaban diez para las nueve y el invierno oscureció el lugar. Gabriel se encontraba de nuevo frente a las enormes puertas.</p>
<div class="img-center"><img class="aligncenter size-full wp-image-54" title="Entrada al cementerio" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/09/entrada.png" alt="Entrada al cementerio" width="450" height="298" /></div>
<p>— La próxima ves que entre por estas puertas, será con los pies por delante —se dijo en voz baja.</p>
<p><span id="more-49"></span>No solo en los claros ojos celestes había resignación, también en la postura de sus gruesas cejas y en la seriedad de su rostro. Nunca le gusto ese lugar y todavía no sabia por qué dijo que si a ese trabajo, pero necesitaba hacerlo. Debe estar sentado esperándome, como siempre, esperando mi llegada para charlar sobre su vida y obra, pensó Gabriel.</p>
<p>El metro ochenta era custodiado por una abrigada y gruesa campera, un pantalón de jean cubría las pier­nas y unos rústicos borcegos militares evitaban el frío en los pies. A pesar de no fumar, por la nariz de Gabriel se escapaba un vapor color niebla. Paso por la puerta silenciosamente, antes que el cuidador de aquel incomodo lugar las cerrase a las nueve en punto, como siempre.</p>
<p>Gabriel conocía el camino de memoria, incluso la primera vez que lo visitó, nunca apreció la idea de perderse entre las tumbas, aunque sólo fuera por unos minutos. El lugar se encontraba desierto, sólo había tres cuerpos con vida entre los miles de allí. Paso las enormes bóvedas de la gente famosa e ilustre de la ciudad mirando las grotescas gárgolas y los dulces ángeles ubicados en los techos de algunas de ella. No se cansaba de admirar las estatuas. Cuando llego a la entraba de la bóveda con puerta de mármol, la única en todo el lugar, doblo a la derecha hasta que salió de esa zona y llego a la parte de los niños. Odiaba esa parte, todas tumbas de no mas de un metro, todas aquellas vidas cortadas de raíz por la guadaña de la efi­caz muerte le causaban una sensación de injusticia y angustia. Podía decirse que pasó corriendo hasta lle­gar al fondo del recinto.</p>
<p>Sentado sobre una lápida, Julián lo esperaba con una alegre sonrisa, le causaba gracia verlo pasar apre­surado por entremedio de las pequeñas tumbas, rodeado de tanta gente dando vueltas a su alrededor. Detrás de Julián se hallaba un pozo abierto con el cajón empotrado en el fondo, la tapa estaba corrida, dejando ver la nada dentro del cajón. La pala, culpable de abrir el pozo, esta todavía en la escena del crimen junto a montañas de evidencia. El show termina cuando pasa la última tumba, ahora Gabriel camina a paso normal y mas relajado. La sonrisa del rostro de Julián desaparece gradualmente hasta convertirse en sorpresa. Una de las tantas personas saca un delgado hilo del bolsillo y luego lo tensa con ambas manos; comienza a se­guir a Gabriel hasta alcanzarlo. Julián bajó de la lapida, imagino el fino hilo apretando el cuello de Ga­briel, sacando de apoco el poco aire, obligándolo a permanecer inmóvil, y luego dejarse morir. Estiro un brazo y abrió la boca para emitir un grito de advertencia, pero no lo hizo, se freno, y volvió a sentarse en la lapida.</p>
<p>Las manos pasaron por delante del rostro de Gabriel, el hilo ocupó su lugar debajo de la nuez de Adán  y el extraño hombre tiro el hilo con fuerza hacia él. Gabriel continuo su camino sin ninguna dificultad hasta que llego al lado de Julián. El extraño hombre ahorco a otra persona que no era Gabriel, guardo el hilo en su bolsillo y siguió caminando.</p>
<p>— Creí que no ibas a venir.</p>
<p>Antes de responder Gabriel saco un pequeño walkman de su bolsillo, apretó el botón rojo y lo dejo en el medio de ambos.</p>
<p>— Se me hizo un poco tarde, ya sabes como es el trabajo de oficina —se excuso Gabriel.</p>
<p>— Sí.</p>
<p>— ¿Que quisiste hacer cuando te bajaste de ahí? —Gabriel ya comenzó a trabajar.</p>
<p>— Nada, tenia ganas de estirar un poco las piernas.</p>
<p><a title="El redactor, segunda parte" href="http://www.dientuki.com.ar/el-redactor-ii/">Continuara&#8230;</a></p>
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