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	<title>Rompiendo dicotomía &#187; Cuentos</title>
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	<description>Confesiones, desvaríos y demases</description>
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		<title>Como matar a un Lemming</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Jan 2010 00:56:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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		<description><![CDATA[Algunos de ustedes tal ves no conozcan lo que es un Lemming, por eso haremos un breve comentario. Un Lemming, es un bichito que aparece en ciertos juegos de video, son una raza que debido a su superpoblación buscan y desean suicidarse para así reducir su población, la misión del jugador reside en salvarlos, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Algunos de ustedes tal ves no conozcan lo que es un Lemming, por eso haremos un breve comentario. Un Lemming, es un bichito que aparece en ciertos juegos de video, son una raza que debido a su superpoblación buscan y desean suicidarse para así reducir su población, la misión del jugador reside en salvarlos, pero eso no nos interesa. Ahora que sabemos lo que es un Lemming, seguiremos con la explicación.</p>
<p>Como les explique, los Lemming desean morir, a simple vista pareciera ser que la misión del SAP (sangriento asesino psicópata) es generarle la muerte a esas adorables criaturitas. Si piensas eso, estas equivocado, la misión del SAP es efectivamente matar, pero cualquier SAP que se jacte de serlo nunca tendrá el sencillo propósito de matar, siempre debe haber algo mas que lo motive a matar. Por ende el SAP siempre deberá tener como mínimo UN móvil que NO sea MATAR.</p>
<p>Tomemos como ejemplo a varios SAP ficticios y reales:</p>
<ul>
<li>JASON: Es una persona que busca educar a los jóvenes para que lleguen vírgenes al casamiento.</li>
<li>FREDY KRUGER: Es una persona que busca venganza por un montón de injusticias que sufrió.</li>
<li>JACK EL DESTRIPADOR: Es una persona que colecciona partes de cuerpos femeninos.</li>
<li>GEORGE BUSH: Es una persona que busca llenarse los bolsillos con mas dinero del que precisa.</li>
</ul>
<p>Como pueden ver y observar en los planes de ellos no figura matar a alguien, por lo que se deduce que lo que cualquiera ve como el resultado del SAP (la muerte de alguien) no es otra cosa que un efecto secundario y hasta en algunos casos accidental. Todo esto se debe que en la mente de todos los SAP hay una premisa que debe cumplirse al pie de la letra, y es la siguiente: “El fin justifica los medios, y mientras mas drásticos sean los medios mejor”.</p>
<p>Con todo esto estamos en posición de afirmar que la misión del SAP frente a los Lemming, no es matarlos, sino que la misión del SAP es ayudar a los Lemming a cumplir sus deseos. Como pueden apreciar, en este caso, el SAP es una persona amable y caritativa.</p>
<p>Ahora que entendemos el verdadero móvil del SAP frente a esas simpáticas criaturitas nos plantearemos una simple pregunta. Nosotros, a la hora de ayudar a alguien, ¿cómo lo hacemos?. La respuesta es una: “De la mejor manera posible, poniendo todo nuestro empeño y mayor fuerza de voluntad”. ¿Entendieron la idea?, voy a explicárselas:</p>
<ol>
<li>Los Lemming desean morir.</li>
<li>El SAP se encargara ayudarlos.</li>
<li>El SAP los ayudara de la mejor manera posible.</li>
</ol>
<p>Parece que van entendiendo la idea, ¿no?. Con clavarle un cuchillo en el medio de la frente a un Lemming, efectivamente lo estamos ayudando, pero con eso no basta, por que simplemente seriamos unos asesinos, ¿y donde esta lo sangriento y lo psicópata?. En definitiva, no estaríamos ayudando con todo nuestro empeño. Debemos ser creativos a la hora de ayudar, aprovechando todo lo que tenemos a mano y aprovechando al máximo a quien debemos ayudar. Lo que deberíamos hacer es usar nuestro cuchillo para sacarle todas las tripas al desesperado Lemming, una vez que hacemos eso debemos usar esas tripas para ahorcar el cuerpo del Lemming muerto, con todo eso estamos realmente ayudando al desgraciado Lemming, ahí si que seriamos unos verdaderos SAP.</p>
<p>Espero que hayan aprendido algo de este bonito ejemplo, y ya saben, “El fin justifica los medios, y mientras mas drásticos sean los medios mejor”.</p>
<p>Dientuki</p>
<p>Ayudante del Dr. Hyde, agradece a <a href="http://lagomita.deviantart.com/" title="Desviaciones de Gomita">Gomita</a> una vez mas por las laminas para la clase.</p>
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		<title>Aces spaces</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Mar 2009 05:15:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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		<description><![CDATA[La alarma sonó inesperadamente en el medio de su descanso, al escucharla automáticamente salio de su litera y se cambio la ropa apresuradamente. [galleryview2 id='a' panel_width="450"] Era la sirena de un ataque, fue lo primero que le enseñaron en la academia, a reconocer las sirenas y a saber que hacer con cada una. [cycle id='test' [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La alarma sonó inesperadamente en el medio de su descanso, al escucharla automáticamente salio de su litera y se cambio la ropa apresuradamente.<br />
[galleryview2 id='a' panel_width="450"]<br />
Era la sirena de un ataque, fue lo primero que le enseñaron en la academia, a reconocer las sirenas y a saber que hacer con cada una.<br />
[cycle id='test' fx="curtainX"]<br />
Fuera de su cuarto todo era un alboroto ordenado. Los compañeros salían de sus cuartos y todos se dirigían hacia el mismo lugar&#8230; los hangares. No tardo en unirseles.</p>
<p>Su hangar es un lugar enorme, en él entran todos los aviones de 2 escuadrones, por lo que salir a la pista de despegue es un completo caos. Caos que esta a cargo de unos pocos controladores de vuelo.</p>
<p>En cada avión van 2 personas, el piloto y el armamentista.</p>
<p>Los controladores de trafico que están en la pista deben tener ojos hasta en la espalda, si se descuidan uno de los enormes aviones puede pasar a mas de 200km/h sobre ellos, no se pueden confiar de su oido, ya que el ruido de las turbinas tapa todos los sonidos de la pista.</p>
<p>Cuando llego a su avión su compañera acababa de subir y se estaba acomodando en su asiento. No intercambiaron mucha charla social, ambos se limitaban a su tarea y despegar lo antes posible.</p>
<p><span id="more-388"></span>Pasados 2 minutos el avión ya estaba en la lanzadera, pasado 30 segundos ya estaba en el espacio, yendo a interceptar a los enemigos.</p>
<div class="img-center img-deco"><img class="aligncenter size-full wp-image-390" title="Espacio" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/03/espacio.png" alt="Espacio" width="450" height="319" /></div>
<p>En el espacio la situación es muy diferente a la tierra, la fuerza G no es tan rigurosa con lo cual puede hacer maniobras mas arriesgadas sin problema alguno. Pero el vació es una complicación mas a tener en cuenta en caso de recibir algún golpe.</p>
<p>Las naves enemigas están a 30 segundos de distancia, su compañero arma los misiles y los lasers. Es hora de la acción.</p>
<p>La entrada a la acción es la parte que mas le encanta, cualquier cosa puede pasar, incluso una muerte estúpida. En ese momento es cuando sus sentidos están más alerta, los enemigos están por todos lados menos en la retaguardia, que es donde están los demás compañeros, luego de eso todo es imprevisible e improvisado.</p>
<p>Las dos flotas de naves se cruzan en el medio del espacio, disparando sus lasers y misiles, varias naves de ambos bandos explotan y el caos comienza a reinar en esa parte del vasto y calmado espacio.</p>
<p>Sabe que esta vivo y gira 180 grados rumbo a perseguir a algún enemigo, localiza a uno y dispara, el misil sale y el armamentista le informa que tiene un enemigo en la cola.</p>
<p>Hace algunas maniobras para esquivarlo pero es bastante difícil despegarse de ellos. Otro avión ve la situación y dispara sus lasers para ayudarlos. El enemigo explota y se desintegra en el vació del espacio, pero había alcanzado a disparar un misil a su objetivo.</p>
<p>El armamentista suelta señuelos para evitar el impacto, la idea funciona pero el misil explota cerca del avión y una esquirla da en una de las alas.</p>
<p>El piloto busca otro blanco, ignorando el daño del avión, mientras el armamentista evaluá el daño para seguir en batalla.</p>
<p>– No podremos seguir con este daño, esta averiado el flap derecho, nos cuesta girar.</p>
<p>– Nos iremos cuando no tengamos más misiles.</p>
<p>Otro avión enemigo explota y un misil menos queda en reserva.</p>
<p>Otro enemigo y su misil salen de la nada, sin aviso. Esta ves los señuelos no fueron tan efectivos y el misil exploto mas cerca del avión</p>
<p>La sirena del avión comienza a sonar de todas formas, en la pantalla del armamentista se muestra la información de la zona dañada, mientras trata de ver que puede hacer para que la nave siga volando. El piloto da un giro abrupto para salir de la mira del enemigo y lo logra, pero termina de averiar el flap derecho en el proceso.</p>
<p>– Acabas de romper el flap derecho, no podremos girar para ese lado.</p>
<p>Logra ubicarse atrás de su enemigo y dispara su ultimo misil. Acto seguido fija rumbo al cuartel general, continuar en la batalla significaba una muerte segura.</p>
<p>Un enemigo ve como huye de la pelea y decide seguirlo, suponiendo que debe ser un blanco fácil.</p>
<p>Sin misiles, con el flap derecho averiado, y con una turbina sin funcionar es difícil escapar de un enemigo.</p>
<p>Avisa al cuartel de su situación y la única respuesta que le dan es que intente llegar, que ellos lo respaldaran ni bien este en su radio de alcance.</p>
<p>Un misil sale de la nave enemiga, y los últimos señuelos hacen su tarea&#8230; ya no tienen muchas mas oportunidades y el cuartel general esta bastante lejos.</p>
<p>Esta vez salen 2 misiles, el armamentista expulsa la turbina averiada y logra impactar en uno de los misiles. El piloto da un giro para la izquierda con el avión, pero no logra ser suficiente y avión explota en el vació del espacio&#8230; pasando a ensuciar un poco mas el vasto espacio.</p>
<div class="img-center"><img class="aligncenter size-full wp-image-391" title="Explosion espacial" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/03/explosion-espacial.jpg" alt="Explosion espacial" width="450" height="327" /></div>
<p><img title="titulo" src="http://farm3.static.flickr.com/2689/4135439702_bdc740c721_o.jpg" alt="caption" width="624" height="419" /><img class="alignnone" src="http://farm3.static.flickr.com/2689/4135439702_bdc740c721_o.jpg" alt="" width="624" height="419" /></p>
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		<title>Historia de dos X (Final)</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Feb 2009 03:08:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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		<category><![CDATA[Historia de dos]]></category>

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		<description><![CDATA[A pesar de no tener que preparar el desayuno se levantó temprano, salió a la cocina y la encontró preparando el café. — Te estaba por ir a despertar. La miró con cara de sueño y pasó al baño sin responderle. Salió después de unos minutos y con la cara más despierta. — No me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A pesar de no tener que preparar el desayuno se levantó temprano, salió a la cocina y la encontró preparando el café.</p>
<p>— Te estaba por ir a despertar.</p>
<p>La miró con cara de sueño y pasó al baño sin responderle. Salió después de unos minutos y con la cara más despierta.</p>
<p>— No me siento con ganas de estar en esa cama por mucho tiempo.</p>
<p>Tomó asiento en la mesa de la cocina y Daiana trajo una bandeja con los dos café y unas tostadas. Ella desayunó un poco apurada, como era su costumbre, mientras que él se tomaba todo el tiempo del mundo para hacerlo.</p>
<p>— Espero que hoy vayas a la facultad.</p>
<p>— Anoche te dije que sí.</p>
<p>La miró por curiosidad, sólo para encontrar a sus ojos huirles a los suyos, otra vez tenía esa extraña expresión en el rostro, igual que el día anterior.</p>
<p>— Andá a trabajar, yo limpio todo.</p>
<p>— Está bien.</p>
<p>Se cargó la mochila al hombro y salió al trabajo. Cuando llegó a la puerta, Sebastián la llamó.</p>
<p><span id="more-268"></span><img class="img-right" title="Daiana agradeciendo" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/01/daiana-gracias.png" alt="Daiana agradeciendo" width="200" height="219" />— ¿Qué pasa?</p>
<p>— Gracias por cuidarme.</p>
<p>— Vos hiciste lo mismo por mí.</p>
<p>Pasó por el umbral de la puerta y se fue a trabajar. Sebastián se quedó pensando unos instantes y luego siguió desayunando.</p>
<p class="sep">
<p>Llegó a la facultad justo a horario, pasó derecho al aula y no salió hasta que la clase terminó. En el recreo fue al buffet a comer algo, la buscó y le llamó la atención no encontrarla, de repente se preguntó por qué la buscaba y no halló una respuesta. Las clases volvieron a comenzar y tuvo que ir de nuevo, esta vez no prestó atención, sus pensamientos todavía buscaban una respuesta.</p>
<p class="sep">
<p>Salió de trabajar y cuando llegó a la facultad fue a la biblioteca a terminar de ponerse al día. Durante el recreo siguió estudiando, pasando las últimas hojas y en la mitad de la clase siguiente ya estaba agotada. Juntó todas las cosas y decidió irse a dormir. Caminó por los pasillos hasta la entrada de la facultad y se frenó en la puerta, dudó en salir, se le hacía difícil, y se quedó esperando.</p>
<p class="sep">
<p>Se cansó de escuchar algo que no entendía durante un momento que no tenia ganas de hacerlo, muy a su pesar cerró las carpetas y abandonó la clase por la mitad, era la primera vez que lo hacía. Afuera del salón se sintió un poco más tranquilo, pero nada más. Miró el reloj y la hora lo alentó a irse a comer algo a la casa. Se encontraba llegando a la entrada de la facultad cuando la vio como perdida dando vueltas con la mochila al hombro.</p>
<p>— ¿A quién esperas?</p>
<p>Se dio vuelta y se sorprendió un poco.</p>
<p>— A nadie en especial, pero no podía irme sola, ¿Qué haces saliendo temprano de una clase?</p>
<p>— Nada, no ando con ganas de estar en una clase y decidí irme a comer algo en casa.</p>
<p>— ¿Te puedo acompañar?</p>
<p>— Está bien.</p>
<p>Salieron los dos y caminaron un buen tramo sin hablar.</p>
<p>— No sé qué te pasaba a vos, pero estos días que volví a casa sola, se me hizo el camino algo largo.</p>
<p>— Creo que te entiendo.</p>
<p>Sebastián rodeo la cintura de ella con su brazo.</p>
<p>Siguieron caminando sin hablar un rato más.</p>
<p>— La semana que estuviste encerrada y aislada del mundo, fue muy triste para mí, y más me dolía cuando tenía que hacer este camino solo, podría decirse que ahí fue cuando me di cuenta lo importante que eras para mi.</p>
<p>— No sabía que fuese así, siempre sos tan callado y aislado, hay veces que deseo que seas más expresivo.</p>
<p>— Sí, yo también.</p>
<p>Quedó callado unos instantes, la terminó de abrazar y le dio un beso en la boca. Terminó el beso y ella se separó de él, dándole la espalda, Sebastián se quedo mirándola.</p>
<p>— Discúlpame&#8230; pensé&#8230; —Daiana rompió en lagrimas— por favor, no llores.</p>
<p>Daiana se dio vuelta y lo abrazó muy fuerte.</p>
<p>— Perdóname vos a mi, no sé como estoy, no sé lo que siento, hay veces que me duele un poco la muerte de mi novio, pero en estos últimos días&#8230; no sé lo que me pasa.</p>
<p>— Me pasa algo especial con vos, sé que te quiero pero no sé hasta donde.</p>
<p>Ahora fue ella quien le dio un beso en la boca a él.</p>
<div class="img-center img-deco"><img src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/01/sebastian-dainana-beso.png" alt="Daiana besando a Sebastian" title="Daiana besando a Sebastian" width="450" height="300" /></div>
<p>— No sé si estoy lista para empezar de nuevo, después de tan poco tiempo.</p>
<p>Las lágrimas estaban disminuyendo, y él le dio otro beso.</p>
<p>— Tarde o temprano lo vas a tener que afrontar.</p>
<p>— Ya lo sé&#8230; —lo besó una vez más— tengo muchos sentimientos encontrados.</p>
<p>— Entonces&#8230; ¿Por qué me seguís besando?</p>
<p>Ella se alejó.</p>
<p>— No lo sé.</p>
<p>Lo abrazó de nuevo y lo volvió a besar</p>
<p>— No me sueltes.</p>
<p>— Te quiero.</p>
<p>Ella no le respondió, se puso a pensar mientas estaba en los brazos de él, no sabía muy bien lo que sentía, pero lo tenía, y eso le daba la voluntad de intentarlo. Lo besó otra vez.</p>
<p>— No sé lo que siento, pero sé que es con vos. No quiero lastimarte.</p>
<p>— Ya lo estas haciendo con tu indecisión.</p>
<p>— ¿No me entendés? No sé qué hacer, siento muchas cosas y pienso otras muy diferentes, no puedo asegurarte nada.</p>
<p>— Entonces asegúrame que lo vas a intentar.</p>
<p>Lo besó una vez más, confirmándole que lo iba a intentar.</p>
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		<title>Historia de dos IX</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jan 2009 04:30:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
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		<description><![CDATA[El despertador no sonó. Daiana preparó todo el desayuno y usó una sola bandeja para llevar todo al cuarto de Sebastián. Entró al cuarto, con el codo encendió la luz y se quedó parada observándolo dormir. Los pensamientos de la noche la volvieron a invadir y descubrió que era totalmente diferente al padre. Salió del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El despertador no sonó. Daiana preparó todo el desayuno y usó una sola bandeja para llevar todo al cuarto de Sebastián.</p>
<p>Entró al cuarto, con el codo encendió la luz y se quedó parada observándolo dormir. Los pensamientos de la noche la volvieron a invadir y descubrió que era totalmente diferente al padre. Salió del trance, dejó la bandeja en el piso y caminó hacia él.</p>
<p>— Sebastián despertate. —Apoyó una mano en su hombro y lo empezó a mover— Despertate.</p>
<p>Abrió los ojos muy despacio y la vio con una extraña expresión en el rostro.</p>
<p>— Te dejo el desayuno, me voy a trabajar</p>
<p>Dio media vuelta y se fue. Sebastián desayunó, dejó la bandeja en el piso y siguió durmiendo hasta el mediodía.</p>
<p class="sep"><span id="more-265"></span></p>
<p><img class="img-right" title="Sebastian cocinando" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/01/sebastian-cocinando.png" alt="Sebastian cocinando" width="250" height="393" />Al mediodía se levanto, ya estaba mucho mejor y pudo cocinarse algo para almorzar. Pensó en ir a la cama a seguir durmiendo, pero prefirió estudiar un poco.</p>
<p class="sep">
<p>Cuando tuvo que almorzar se acordó de él y otra vez la preocupación de la noche anterior volvió a surgir, no sabia exactamente qué sentía por él y esta vez se sorprendió un poco.</p>
<p>Al salir del trabajo tomó el colectivo hacia la facultad, en todo el viaje estuvo mirando por la ventanilla para ver si lo cruzaba, pero no sucedió. En la facultad no lo buscó, pero cada vez que estaba en un pasillo miraba para todos lados por las dudas.</p>
<p>Caminó sola de regreso a casa, cada paso era lento e interminable, la mochila pesaba el doble y la distancia a recorrer cada vez se hacía más larga. Sin darse cuenta llegó un poco más tarde de lo habitual. Cruzó el umbral de la puerta, lo vio cocinando y quedó profundamente tranquila, una sonrisa se le dibujó en el rostro y fue hasta la cocina.</p>
<p>— Veo que estas mejor.</p>
<p>— Sí.</p>
<p>— Espero que mañana vayas a la facultad.</p>
<p>— Sí, no quiero perder muchos días de clase.</p>
<p>— ¿Qué hiciste de comer?</p>
<p>— Algo sencillo, y para mi algo liviano, ¿A qué se debe esa sonrisa?</p>
<p>— A nada, en realidad a vos, me alegra que estés mejor.</p>
<p>A Sebastián le sorprendió esa respuesta y terminó de preparar la mesa sin continuar hablando. Daiana tenía algo diferente y le causaba un poco de inquietud.</p>
<p>Terminaron de comer al mismo tiempo, los dos levantaron sus cosas, ella lo miró desafiante y él la imitó.</p>
<div class="img-center img-deco"><img title="Sebastian y Daiana" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/01/sebastian-daiana.png" alt="Sebastian y Daiana" width="450" height="191" /></div>
<p>— Limpio yo —Dijo Daiana rompiendo el silencio.</p>
<p>— No, limpio yo, vos trabajaste todo el día, anda a dormir</p>
<p>— Está bien, pero mañana vas a la facultad.</p>
<p>— Hecho.</p>
<p>Dejaron sus cosas en la pileta de la cocina, Sebastián terminó de juntar la mesa mientras Daiana lo miraba. Hizo el último viaje y abrió las canillas para comenzar a lavar todo.</p>
<p>No sabía si era el cansancio u otra cosa, pero comenzó a ganarle y deseaba descansar un poco. Fue hasta la cocina y lo sorprendió con un abrazo.</p>
<p>— Mañana el desayuno lo preparo yo —Susurró Daiana.</p>
<p>— Está bien.</p>
<p class="sep">
<p>Llegó a la cama y le costó conciliar el sueño, otra vez le preocupaba su actitud hacia Sebastián, no sabía si era preocupación, lástima, cariño, o amor. Pensó en su anterior novio, pero eso no cambiaba las cosas, ahora él estaba muerto y ella debía buscar otro, le gustase o no esa idea. Miró el techo buscando una explicación, un poco de ayuda; en vano, por más que pensara las preocupaciones no se iban y las respuestas no llegaban.</p>
<p><a title="Historia de dos, Final" href="http://www.dientuki.com.ar/historia-de-dos-x-final/">Continuara&#8230;</a></p>
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		<title>Historia de dos VIII</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 20:06:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de dos]]></category>

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		<description><![CDATA[El despertador sonó a la hora acostumbrada. Salió del cuarto y Daiana seguía durmiendo, por lo cual decidió hacerle una broma. Preparó el desayuno para los dos y una vez que lo terminó golpeó con fuerzas la puerta de su cuarto. — ¡Daiana, levántate que llegas tarde a trabajar, me quedé dormido! Los golpes la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El despertador sonó a la hora acostumbrada. Salió del cuarto y Daiana seguía durmiendo, por lo cual decidió hacerle una broma. Preparó el desayuno para los dos y una vez que lo terminó golpeó con fuerzas la puerta de su cuarto.</p>
<p>— ¡Daiana, levántate que llegas tarde a trabajar, me quedé dormido!</p>
<p>Los golpes la despertaron y las palabras retumbaron en su cabeza como si le arrojasen un vaso con agua fría. Saltó de la cama sin consultar ningún reloj, se cambió de ropa y salió toda despeinada con cara de preocupación.</p>
<p>Sebastián la vio y no logró contener una estrepitosa carcajada.</p>
<p>Daiana lo miró y no entendía de que se reía, una idea le cruzó la mente y consultó el reloj de la cocina, faltaba una hora para ir a trabajar, tiempo suficiente para desayunar e ir al trabajo.</p>
<p><img class="img-left" title="Daiana enojada" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/01/daiana-enojada.jpg" alt="Daiana enojada" width="200" height="179" />— ¡Hijo de&#8230;, te voy a asesinar!</p>
<p>Corrió hacia él enojada y comenzó a darle golpes en el pecho obligándolo a caer en el sillón. Se defendió como pudo sin tratar de pegarle.</p>
<p>— Para, te hice el desayuno.</p>
<p>— Y que me importa.</p>
<p>Le agarró las manos y la obligó a terminar la pelea por cansancio. Fue a desayunar con un poco de rencor que no duró demasiado.</p>
<p><span id="more-238"></span>— Por lo menos hiciste el desayuno, no sabes el hambre que tengo.</p>
<p>— Me imagino, anoche no cenaste.</p>
<p>— ¿No cené?</p>
<p>— Sí, no cenaste, te dormiste en la mesa ni bien llegaste.</p>
<p>Hizo un poco de memoria mientras comía una tostada.</p>
<p>— Me acuerdo que llegué, y que me senté&#8230; y no me acuerdo nada más.</p>
<p>— Después te dormiste, te llevé a la cama y te dejé dormir.</p>
<p>— ¿Me llevaste a la cama?</p>
<p>— Sí, no te voy a dejar durmiendo en la mesa.</p>
<p>Tomó un sorbo de café y siguió con otra tostada.</p>
<p>— Gracias.</p>
<p>Se paró y fue al baño a arreglarse un poco, después salió para el trabajo.</p>
<p class="sep">
<p>Llegó a la facultad a la hora habitual, y se dirigió a la biblioteca a pasar carpetas y a estudiar un poco, desde que murió su novio que no tocaba un libro.</p>
<p>Se hizo la hora de ir a clases y fue sin muchas ganas. No vio a Sebastián por ningún lado, pasó por el aula a ver si estaba y no lo encontró.</p>
<p>No entendió mucho de la clase, y prefirió volver a la biblioteca a seguir poniéndose al día, volvió a pasar por el aula de Sebastián y no lo vio, le extrañó que faltara a clases y decidió probar suerte con llamarlo por teléfono, pero nadie le contestó. Se quedó un poco preocupada, pero otra cosa no podía hacer, debía ponerse al día.</p>
<p>En el recreo pasó por el buffet a descansar un poco y a comer algo, se reencontró con otras compañeras y se olvidó de intentar llamarlo. En la clase siguiente entendió un poco más que en la anterior, por lo que decidió quedarse.</p>
<p>Le llamo la atención hacer el camino sola de regreso a su casa, algo le faltaba y no se daba cuenta de lo que era.</p>
<p>Entro en la casa, encontró las luces encendidas pero Sebastián no parecía estar.</p>
<p>— ¡Sebastián!</p>
<div class="img-center img-deco"><img title="Sebastian enfermo" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/01/sebastian-enfermo.png" alt="Sebastian enfermo" width="450" height="197" /></div>
<p>Nadie respondió, busco en la cocina y todo estaba en orden, golpeó la puerta del baño sin obtener respuesta, entró para verificar y no estaba. Fue al cuarto de él, entró sin golpear y lo encontró recostado, tapado hasta el cuello, con la cara pálida y la mano que la saludaba.</p>
<p>— ¿Qué te pasó?</p>
<p>— Me cayó mal el almuerzo.</p>
<p>— Que bien, lo que faltaba, ¿Cómo te sentís?</p>
<p>— Mejor desde que vomité.</p>
<p>— Te llamé por teléfono.</p>
<p>— Lo escuché, pero estaba ocupado en el baño.</p>
<p>— Te voy a preparar algo livianito para comer.</p>
<p>Volvió después de diez minutos con un plato de sopa y un sándwich sobre una bandeja.</p>
<p>— ¿No te parece mucho?</p>
<p>— El sándwich es para mí, lo traje para comer con vos.</p>
<p>— Gracias.</p>
<p>Dejó todo en el piso, puso un almohadón en el respaldo de la cama y trató de ayudarlo a recostarse.</p>
<p>— Deja, estoy descompuesto, no moribundo.</p>
<p>— Está bien, como digas.</p>
<p>Se recostó solo, Daiana le alcanzó la bandeja y cenó la sopa caliente, ella se sentó en el piso y comió su sándwich.</p>
<p>— ¿Cómo estuvo tu segundo día de la clases?</p>
<p>— Bien, estoy media perdida pero ya me estoy poniendo al día. Hoy me quedé en la biblioteca pasando carpetas y estudiando, tengo que agradecerles a varias compañeras.</p>
<p>— Mira que mañana vas a tener que hacer el desayuno, por el almuerzo no te preocupes, creo que voy a estar mejor, con suerte vaya a la facultad mañana.</p>
<p>— Con suerte&#8230;</p>
<p>Daiana se paró y juntó la bandeja con los platos. Miró a Sebastián con preocupación, se agachó, le dio un beso con dulzura en la frente y una extraña sensación la recorrió en ese momento.</p>
<p>— Buenas noches.</p>
<p>Sin querer dejó ver una minuciosa sonrisa, camino despacio hasta la puerta, apago la luz y cerro la puerta.</p>
<p>Dejó todo en la cocina, tomó asiento y se puso a pensar qué le pasaba. Primero fue una sensación de soledad cuando volvía de la facultad, y después, una especie de atracción por Sebastián, o demasiada preocupación por él, no sabía lo que era pero le llamaba la atención un poco.</p>
<p>Dejó sus pensamientos fluir mientras iba a la cama a dormir.</p>
<p><a title="Historia de dos, novena parte" href="http://www.dientuki.com.ar/historia-de-dos-ix/">Continuara&#8230;</a></p>
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		<title>Historia de dos VII</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jan 2009 01:14:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de dos]]></category>

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		<description><![CDATA[El despertador sonó una sola vez, Sebastián no durmió en toda la noche y estuvo mirándolo, esperando a que comience a sonar. Se cambió y fue a la cocina a preparar el desayuno. Daiana siguió durmiendo y se levantó apresurada. Salió de su cuarto y vio a Sebastián preparando todo. — ¿Hiciste el desayuno? — [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El despertador sonó una sola vez, Sebastián no durmió en toda la noche y estuvo mirándolo, esperando a que comience a sonar. Se cambió y fue a la cocina a preparar el desayuno.</p>
<div class="img-center img-deco"><img title="despertador" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/01/despertador.jpg" alt="Despertador" width="450" height="193" /></div>
<p>Daiana siguió durmiendo y se levantó apresurada. Salió de su cuarto y vio a Sebastián preparando todo.</p>
<p><span id="more-225"></span>— ¿Hiciste el desayuno?</p>
<p>— Sí.</p>
<p>— Menos mal, me quedé dormida y creí que llegaba tarde al trabajo.</p>
<p>— Hace como una semana que no vas a trabajar.</p>
<p>— Bueno, bueno, no me regañes de temprano, hoy voy a ir, y espero que no me echen.</p>
<p>— Yo también.</p>
<p>Daiana hizo todo apurada y se fue casi sin saludar, Sebastián puso el despertador al mediodía y trato de dormir algo.</p>
<p class="sep">
<p>Se levantó más tarde lo que pensó, comió algo y ordenó la casa hasta que tuvo que ir a la facultad.</p>
<p>Llegó temprano y ahí la vio, otra vez rodeada de sus compañeras, hablando. Le alegró verla con una sonrisa en el rostro, al parecer volvía a ser ella de nuevo. La ignoró, no quería interrumpirla, pero ella lo vio y fue hacia él.</p>
<p><img class="img-left" title="Sebastian orprendido" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/01/sebastian-sorprendido.jpg" alt="Sebastian orprendido" width="250" height="419" />— Sebastián, espérame un segundo.</p>
<p>— ¿Qué pasa?</p>
<p>— Te tengo una buena noticia, no me echaron.</p>
<p>— Bien.</p>
<p>— Pero los días que no fui me lo restan de mis vacaciones.</p>
<p>— Ja, me parece bien.</p>
<p>— ¿Te parece bien? A mi me parece espectacular, con tal de que no me echen. Otra cosa más, hoy voy a llegar un poco más tarde, haceme algo de comer.</p>
<p>Daiana comenzaba a alejarse y Sebastián se quedó estupefacto.</p>
<p>— Pero&#8230;</p>
<p>— Me tengo que ir a cursar, y cocina algo rico.</p>
<p>Sebastián se quedó sorprendido y con las palabras en la boca, hoy le tocaría preparar la cena.</p>
<p class="sep">
<p>Llegó a la hora de siempre y buscó en la heladera algo para cocinar, y no encontró nada, así que sacó algo del freezer para hacer en el microondas. Lo dejó en la cocina para que se descongele y mientras la esperaba para comer, preparó la mesa.</p>
<p>Escuchó ruidos en la puerta y puso la comida en el microondas, llegó más tarde de lo que pensaba, casi a la medianoche, con la mochila colgando del hombro y caminando sin ganas llegó hasta la mesa.</p>
<p>— Espero que haya algo calentito y rico para comer.</p>
<p>— En eso estoy, te estaba esperando para empezar a cenar.</p>
<p>— No te hubieses molestado&#8230;</p>
<p>— No hay problema.</p>
<p>Daiana no habló más, se recostó sobre la mesa y se quedo dormida.</p>
<p>Verla dormida sobre la mesa lo conmovió y no quiso despertarla hasta que la cena estuviera lista.</p>
<p>Cuando la cena estuvo lista tratar de despertarla fue inútil, había tenido un día muy largo y agotador, con muchas alegrías y reencuentros. Le alegró mucho verla así, después de todo definitivamente volvía a ser ella y a tomar el ritmo de vida que tenia.</p>
<p>Fue al cuarto de ella y corrió las sabanas, la cargo en brazos lo más suave que pudo y la dejó en la cama. Dudó un poco y le sacó la campera y el buzo deseando que no se le ocurriera despertar. Sin hacer ruido apagó la luz y cerró la puerta del cuarto.</p>
<p>Terminó cenando solo, guardó el resto en la heladera y se fue a dormir, para él también había sido un día largo.</p>
<p><a title="Historia de dos, Octava parte" href="http://www.dientuki.com.ar/historia-de-dos-viii/">Continuara&#8230;</a></p>
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		<title>Historia de dos VI</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Jan 2009 15:53:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de dos]]></category>

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		<description><![CDATA[Llegó al cementerio, miró a su alrededor y vio el automóvil del padre estacionado cerca. Espero a que él saliera, pero no ocurrió, cruzó enfrente y compró un sencillo ramo de flores en una de las improvisadas florerías, siguió esperando e intentó observar a través de los vidrios polarizados del automóvil sin ningún resultado. Buscó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llegó al cementerio, miró a su alrededor y vio el automóvil del padre estacionado cerca. Espero a que él saliera, pero no ocurrió, cruzó enfrente y compró un sencillo ramo de flores en una de las improvisadas florerías, siguió esperando e intentó observar a través de los vidrios polarizados del automóvil sin ningún resultado.</p>
<p>Buscó en su memoria algún recuerdo de su madre, pero encontró muy pocos. Una tarde de verano con sol radiante y brisa fresca, en el patio de su casa preparándose para almorzar afuera, está en la pileta salpicándola, ella se enoja con él y el padre que se ríe de la situación, ella toma una jarra con agua y se la arroja en la cara, pierde la sonrisa y se queda perplejo mientras ella se ríe de él. Uno de los pocos recuerdos que tiene de los tres juntos y casi el único en el que el padre se ríe.</p>
<p>Cruza hacia el cementerio con un ritmo tranquilo, entra y dobla hacia la izquierda.</p>
<p><span id="more-211"></span>Las cruces erguidas se extendían solitarias por sobre todo el césped, estaban puestas cuidadosamente y había entre ellas siempre la misma distancia. El sol de las tres de la tarde les hacia proyectar una sombra alargada y un tanto oblicua.</p>
<p>David estaba parado enfrente de una de las tantas cruces, con su saco negro desentonaba completamente con el lugar. Se paró junto a él y miró la cruz de su madre, una cruz blanca y pálida con grabados, donde de manera vertical estaba escrito el nombre y apellido mientras que horizontalmente el año de nacimiento y fallecimiento, no había recordatoria ni nada por el estilo.</p>
<div class="img-center img-deco"><img title="Sebastian y David" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2009/01/sebastian-david.jpg" alt="Sebastian y David" width="450" height="374" /></div>
<p>— No se para que insistís en venir todos los años.</p>
<p>— No quiero olvidarme de ella, apenas recuerdo su rostro.</p>
<p>— Olvidar el sufrimiento es la forma en que sobrevivimos, pero hay cosas más importantes que recordar. Fue tu madre quien me enseñó esa valiosa lección, es por eso que vengo, para confirmarlo una vez mas.</p>
<p>— Ya lo sé, su muerte nunca me hizo sufrir, por eso vengo. Lo que me hace sufrir es no recordarla.</p>
<p>— Eras chico cuando pasó, todo lo que tengo de ella está en mi corazón, lo demás son objetos, inclusive la tumba esta vacía.</p>
<p>— A diferencia tuya no tengo mucho en mi corazón acerca de ella.</p>
<p>— Debo irme, tengo otros asuntos que atender. Hasta luego.</p>
<p>Dio media vuelta y se marchó. Sebastián quedo solo con la tumba de su madre, la mirço y pensó en ella unos minutos e hizo lo mismo que el padre.</p>
<p>Daiana se escondió detrás de una pared y solo alcanzó a verlos parados uno al lado del otro sin poder escuchar nada. David salió primero, pero salió por otro lado muy lejos de donde estaba ella, en cambio Sebastián venía directo hacia ella y no tenía muchos lugares donde esconderse. Se pegó a la pared deseando ser una con ella para que no la viera. Sebastián pasó cerca de ella y se hizo el distraído, caminó un poco más y se detuvo.</p>
<p>— Creí haberte dicho que no me acompañes.</p>
<p>Daiana se quedó sorprendida, trató de inventar alguna excusa pero Sebastián no le dio tiempo.</p>
<p>— Podés acompañarme, pero no me tenés que preguntar nada.</p>
<p>No lo pensó dos veces y lo acompañó, para sorpresa de ella fueron a la tumba de la madre.</p>
<p>— Aquí esta enterrada, vengo todos los años, el cuerpo no estça pero igual me ayuda a no olvidarla y a pensar un poco. Murió cuando yo tenía 6 años, según mi padre yo estaba presente pero es algo que no recuerdo, en realidad tengo muy pocos recuerdos de ella. Hoy es unos de los pocos días que mi padre me habla de ella, por eso trato de venir con él, siempre que le pregunto acerca de ella me ignora.</p>
<p>Daiana lo abrazó.</p>
<p>— ¿Vamos a ver a tu ex-novio?</p>
<p>— No, gracias. Murió hace poco, y ya lloré todo lo necesario por él, ahora sólo me resta secarme las lagrimas y seguir adelante.</p>
<p>Le dio un beso en la mejilla, la abrazó y después fueron en silencio hasta la casa, disfrutando la compañía del otro.</p>
<p><a title="Historia de dos, Septima parte" href="http://www.dientuki.com.ar/historia-de-dos-vii/">Continuara&#8230;</a></p>
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		<title>Historia de dos V</title>
		<link>http://www.dientuki.com.ar/historia-de-dos-v/</link>
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		<pubDate>Thu, 04 Dec 2008 23:38:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de dos]]></category>

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		<description><![CDATA[Llamaron a la puerta antes de que el despertador sonara. Daiana se encontraba levantada y fue a atender, miro por la mirilla de la puerta y observo a un hombre algo mayor, un poco mas alto que ella, bien vestido y con unos anteojos de sol, no lo conocía pero creía haberlo visto antes. — [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llamaron<img class="img-right" title="David" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/12/gendo.png" alt="David" width="200" height="291" /> a la puerta antes de que el despertador sonara. Daiana se encontraba levantada y fue a atender, miro por la mirilla de la puerta y observo a un hombre algo mayor, un poco mas alto que ella, bien vestido y con unos anteojos de sol, no lo conocía pero creía haberlo visto antes.</p>
<p>— ¿Quien es?</p>
<p>— David, el padre de Sebastián.</p>
<p>Daiana se apresuro a abrir la puerta.</p>
<p>— Pase.</p>
<p>— Gracias.</p>
<p>— ¿Qué lo trae por acá?</p>
<p>— Tenia el día libre y quería estar un tiempo con mi hijo, hace mucho que no hablamos.</p>
<p>— Esta durmiendo, los domingos el siempre se levanta tarde, es su único día para dormir. Siéntese que ya lo voy a llamar.</p>
<p>Daiana no quería admitirlo pero la presencia de David le daba un poco de nervios. Golpeo suavemente la puerta del cuarto de Sebastián.</p>
<p><span id="more-104"></span>— Sebastián, vino tu padre a visitarte. —Volvió a golpear— Sebastián, levántate.</p>
<p>— Esta bien, ya voy —respondió medio dormido.</p>
<p>— ¿Quiere tomar algo mientras Sebastián se levanta?</p>
<p>— No gracias, y no es necesario que me trate de usted.</p>
<p>— Esta bien.</p>
<p>Paso por la cocina a poner una pava en el fuego y se sentó enfrente de David. Lo miro fijo unos segundos pero él no dejaba traslucir ningún sentimiento.</p>
<p>— Sebastián me hablo un poco de usted.</p>
<p>— Y a mi casi nada de vos, y vuelvo a insistir, no es necesario que me trate de usted.</p>
<p>No podía encontrar ninguna emoción en una cara tan dura, los anteojos oscuros hacían que sus ojos parecieran agujeros negros y las manos juntas sobre la mesa envueltas en unos guantes le daban una autoridad mas que interrogatoria.</p>
<p>— ¿Hace mucho que no habla con Sebastián?</p>
<p>— Desde que se fue de casa.</p>
<p>Otra ves una respuesta fría, le hacia recordar a Sebastián cuando se aislaba del mundo.</p>
<p>— ¿Ni siquiera por teléfono?<br />
— No.</p>
<p>Para alivio de Daiana, Sebastián salió de su cuarto y los vio sentados a la mesa.</p>
<p>— Daiana, la pava esta por hervir.</p>
<p>Salió apresurada hacia la cocina.</p>
<p>Lo miro detenidamente y supo donde encontrar los ojos debajo de los lentes, camino hasta la mesa sin sacarle los ojos de encima, desafiándolo y ocupo un lugar vacío al lado de Daiana.</p>
<p>— ¿Sebastián, vas a tomar algo? —Pregunto Daiana desde la cocina</p>
<p>— Un café.</p>
<p>— ¿Como estas hijo?</p>
<p>— Bien</p>
<p>— ¿Los estudios?</p>
<p>— Bien</p>
<p>Daiana salió de la cocina llevando una bandeja con dos café y el azúcar, la dejo en la mesa y sirvió el café de Sebastián y el de ella.</p>
<p>— Gracias. Padre ¿no quieres algo de tomar?</p>
<p>— No, gracias, ella ya me ofreció, pero nadie hasta ahora nos ha presentado como corresponde.</p>
<p>— Ella es Daiana, —se ruborizo un poco y esbozo una leve sonrisa— estudia otra carrera, pero vamos a la misma facultad.</p>
<p>— Que interesante, en mis tiempos era diferente, pero ya quedaron atrás. Espero que mi hijo no te este causando problemas.</p>
<p>— Para nada, en realidad lo tengo limpiando y cocinando todo el día, es como un sirviente.</p>
<p>David esbozo una sonrisa y Sebastián se sonrojo un poco, pero en realidad le molesto ese chiste.</p>
<p>— ¿Como hiciste para conocerlo?</p>
<p>— De casualidad, íbamos al mismo curso y tuvimos que hacer un practico en grupo, de todos lo que éramos al final quedamos nosotros dos, después yo me tuve que ir de mi casa y la opción mas racional era esta, y acá estoy.</p>
<p>Sebastián seguía excluido de la conversación, lo único que hacia era escucharlos y tomar su café, al parecer Daiana se entendía con David y los nervios ya habían pasado al olvido. Termino el desayuno y sin dirigirles la palabra se fue a bañar, cuando salió todavía estaban hablando.</p>
<p>— Sebastián, voy a comprar algo para el almuerzo, ¿me pones una olla con agua en el fuego?</p>
<p>— Esta bien.</p>
<p>Fue a su cuarto a cambiarse, luego fue a la cocina e ignoro completamente la presencia del padre.</p>
<p>— Vine para saber si me vas a acompañar al cementerio.</p>
<div class="img-center"><img title="Gendo y su esposa" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/12/gendo_yui.jpg" alt="Gendo y su esposa" width="450" height="394" /></div>
<p>— Si viniste solo para eso ¿porque no usaste el teléfono?</p>
<p>— Quería saber como estabas, y con quien convivías, parece una chica agradable.</p>
<p>— Si.</p>
<p>— Mejor así.</p>
<p>— ¿Como estas?</p>
<p>— Bien.</p>
<p>Sebastián puso la olla con agua en el fuego limpio la mesa y comenzó a lavar las tazas cuando Daiana llego con un par de bolsas.</p>
<p>— ¿Alguien me podría ayudar?</p>
<p>Sebastián estaba por ir, pero el padre se paro y llevo las bolsas a la mesa.</p>
<p>— Gracias.</p>
<p>— De nada.</p>
<p>— Voy a cocinar algo sencillo pero rico, ¿Te quedas a comer?</p>
<p>— No puedo, debo irme, tengo otros asuntos que atender.</p>
<p>— ¿Ya se va? —David ya se encontraba caminado hacia la puerta—</p>
<p>— Si —lo acompañó— espero poder volver pronto y quedarme a almorzar. Hasta luego.</p>
<p>— Chau</p>
<p>Cerro la puerta y se quedo pensando, camino hacia la cocina con un paso mas que apresurado.</p>
<p>— ¿De que hablaron?</p>
<p>— De nada interesante</p>
<p>— ¿Qué le dijiste para que se vaya?</p>
<p>— Nada, puede ser muchas cosas pero no un mentiroso.</p>
<p>— No quise insinuar eso. No se como te podes llevar mal con alguien como él.</p>
<p>— Desde que mamá murió el se aboco mucho a su trabajo&#8230;</p>
<p>— ¿Tu madre murió?</p>
<p>— Si, hoy se cumple otro aniversario.</p>
<p>— No lo sabia.</p>
<p>Sebastián cerro las canillas, seco todo y fue pacientemente hacia su cuarto. Ello se limito a observarlo y a pensar cuanto dolor y rencor guardaba en su interior, sintió pena por él y a la vez alegría por que ya comenzaba a hablar.</p>
<p>Termino de preparar el almuerzo y fue a llamarlo, durante la comida no hablaron. Al terminar, él levanto lo platos, los dejo en la cocina, fue al baño y busco una campera.</p>
<p>— Me voy —se puso la campera—</p>
<p>— ¿A donde?</p>
<p>— A encontrarme con mi padre, en el cementerio —camino hacia la puerta—</p>
<p>— ¿Querés que te acompañe? —Volteo la cabeza para mirarla—</p>
<p>— No, gracias —Siguió su camino, abrió la puerta y salió a la calle.</p>
<p>Cerro la puerta con suavidad, pero ella sintió todo lo contrario. No le gusto como la excluyo de su intimidad y la comenzó a roer la curiosidad. Enojada y con muchas preguntas, tiro el delantal de cocina, agarro una campera y se decidió a seguirlo cuidadosamente.</p>
<p><a title="Historia de dos, Sexta parte" href="http://www.dientuki.com.ar/historia-de-dos-vi/">Continuara&#8230;</a></p>
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		<title>Historia de dos IV</title>
		<link>http://www.dientuki.com.ar/historia-de-dos-iv/</link>
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		<pubDate>Fri, 28 Nov 2008 03:12:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de dos]]></category>

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		<description><![CDATA[El despertador sonó, y siguió sonando mucho tiempo, hasta que se apago solo. Sebastián escucho los últimos ruidos por casualidad y logro levantarse. Preparo todo el desayuno y para despertar a Daiana, tuvo que insistir un rato. Desayunaron casi sin hablar, al final Sebastián trato de hablar algo. — ¿Estas segura de querer ir? Daiana [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>E<img class="img-right" title="Daiana Funeral" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/11/daiana-funeral.jpg" alt="Daiana Funeral" width="200" height="267" />l despertador sonó, y siguió sonando mucho tiempo, hasta que se apago solo. Sebastián escucho los últimos ruidos por casualidad y logro levantarse. Preparo todo el desayuno y para despertar a Daiana, tuvo que insistir un rato. Desayunaron casi sin hablar, al final Sebastián trato de hablar algo.</p>
<p>— ¿Estas segura de querer ir?</p>
<p>Daiana agacho penosamente la cabeza, le costaba afirmarlo.</p>
<p>— Debo.</p>
<p>Sebastián acomodo todo rápido y los dos salieron. Daiana hoy no iría a trabajar.<br />
<span id="more-97"></span></p>
<p class="sep">
<p>Volvieron cerca del mediodía, ella siguió derecho a su habitación y Sebastián preparo el almuerzo. Cuando estuvo casi cocinado fue a la puerta del cuarto de ella y golpeo.</p>
<p>— El almuerzo esta listo.</p>
<p>No obtuvo respuesta, siguió preparando el almuerzo y al cabo de cinco minutos Daiana salió de su habitación, miro la mesa preparada y fue a abrazar a Sebastián.</p>
<p>— Gracias&#8230; por todo&#8230; no se lo que hubiese echo sin vos.</p>
<p>Ella dejo escapar unas lagrimas y Sebastián trato de consolarla sin saber como hacerlo.</p>
<div class="img-center img-deco"><img title="Daiana y su novio" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/11/daiana-novio.jpg" alt="Daiana y su novio" width="464" height="480" /></div>
<p>Daiana comió sin ganas, obligada a hacerlo.</p>
<p>— No es necesario que estés conmigo todo el día, anda a clases hoy.</p>
<p>— ¿Estas segura?</p>
<p>— Si, no pierdas un día de clases por mi.</p>
<p>Dudo un poco, pero no quería discutir con ella.</p>
<p>— Esta bien, pero en el recreo te llamo para saber como andas.</p>
<p>Daiana asintió con la cabeza, tampoco quería discutir.</p>
<p class="sep">
<p>En el recreo la llamo, luego de varios timbrazos ella levanto el teléfono.</p>
<p>— Hola&#8230; ¿estas bien?</p>
<p>— Si&#8230; ¿a que hora salís?</p>
<p>— Tarde&#8230; como siempre.</p>
<p>— Listo, me tengo que ira a comprar algo. Chau.</p>
<p>— Chau. — Sebastián colgó resignado el teléfono y fue a disfrutar el break.</p>
<p class="sep">
<p>Recién había preparado la mesa y la cena se encontraba a mitad de camino cuando escucho como se abría la puerta y se sorprendió al verlo llegar temprano.</p>
<p>— ¿Que haces acá?</p>
<p>— El profesor no vino —Entro y vio la mesa preparada— Estas haciendo la cena.</p>
<p>— Si.</p>
<p>— Bueno&#8230; me voy a bañar.</p>
<p>Siguió preparando la cena mientras Sebastián se bañaba, de no ser por la falta de animo ya hubiese empezado a pelearlo por su falta de cortesía.</p>
<p>Salió del baño y encontró la comida lista, no le sorprendió verla activa ese día, sin embargo, dejaba traslucir su dolor en cada uno de sus actos.</p>
<p>— Saliste justo.</p>
<p>— Si&#8230; ¿que es?</p>
<p>— Un poco de esto y otro de aquello.</p>
<p>Probo la comida con desconfianza y descubrió que sabia bien.</p>
<p>— Gracias por preparar la cena, venia pensando que podía cocinar.</p>
<p>— Necesitaba hacer algo y no sabia como agradecerte todo lo que hiciste por mi.</p>
<p>— Conque me digas gracias me conformo.</p>
<p>— Esta bien, lo voy a tener en cuenta para la próxima, esto de cocinar no me gusta mucho.</p>
<p>La miro severamente tratando de no esbozar ninguna sonrisa pero le fue imposible, y ella lo acompaño.</p>
<div class="img-center"><img class="alignnone size-full wp-image-93" title="Separador" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/11/separador.png" alt="Separador" width="126" height="17" /></div>
<p>El despertador sonó, lo apago y salió a desayunar. Otra vez estaba todo listo y Daiana ya estaba desayunando.</p>
<p>— ¿Vas a ir a trabajar hoy?</p>
<p>— No creo&#8230; no.</p>
<p>— Hace tres días que no vas.</p>
<p>— ¿Y cual es?</p>
<p>— Es hora de que vayas, por mas que estés mal tenés que ir.<img class="img-left" title="Daiana Triste" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/11/daiana-triste.png" alt="Daiana Triste" width="200" height="143" /></p>
<p>Daiana se paro, fue a su cuarto enojada y cerro violentamente la puerta. Sebastián miro el café, no estaba sorprendido por la actitud de Daiana, era la segunda vez que se lo hacia, estaba dispuesto a ayudarla pero ella no quería.</p>
<p>Estudio todo el día, cuando se hizo hora de ir a la facultad preparo sus cosas y fue a golpear la puerta del cuarto de Daiana.</p>
<p>— ¿Vas a ir a la facultad?</p>
<p>No obtuvo respuesta y se fue.</p>
<p>Al volver de la facultad encontró, y ya había pasado a ser costumbre, la cena lista, comió sin ganas y se fue a dormir.</p>
<p><a title="Historia de dos, quinta parte" href="http://www.dientuki.com.ar/historia-de-dos-v/">Continuara&#8230;</a></p>
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		<title>Historia de dos III</title>
		<link>http://www.dientuki.com.ar/historia-de-dos-iii/</link>
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		<pubDate>Mon, 24 Nov 2008 08:44:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>dientuki</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Escritos]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de dos]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Sebastián, el desayuno esta listo! — Está bien&#8230; cuando me levante voy&#8230; ¡decile que no se enfríe! Daiana estallo de ira. Fue a la cocina y llenó una jarra con agua. Abrió la puerta del cuarto de Sebastián y le arrojó todo el contenido de la jarra. — Te me levantas ahora y no me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡Sebastián, el desayuno esta listo!</p>
<p>— Está bien&#8230; cuando me levante voy&#8230; ¡decile que no se enfríe!</p>
<p>Daiana estallo de ira. Fue a la cocina y llenó una jarra con agua. Abrió la puerta del cuarto de Sebastián y le arrojó todo el contenido de la jarra.</p>
<p>— Te me levantas ahora y no me tomas más el pelo.</p>
<p>Sebastián no entendía absolutamente nada. Luego de que Daiana se fue cerrando bruscamente la puerta, se levantó y trató de apresurarse en secarse con las sabanas. Se cambió las ropas mojadas por unas secas y fue a tomar el desayuno.</p>
<p>— ¿Puedo saber qué te hice ahora?</p>
<p>No recibió respuesta</p>
<p>— Ahora tengo la excusa perfecta para cambiar las sábanas, hacía dos semanas que no lo hacía.</p>
<p>Daiana lo fulminó con la mirada y comprendió que debía callar un buen rato.</p>
<p><span id="more-94"></span></p>
<p class="sep">
<p>Sebastián llegó tarde a clases. Al salir vio a Daiana esperándolo en la puerta del aula.</p>
<p>— Estaba esperando a que salieras. —En su voz había un tono de preocupación y un deseo de que la escuchen.—</p>
<p>Sebastián la miro y le pareció raro verla tan calmada y dócil.</p>
<p>— ¿Me acompañas un café? —Insistió ella.</p>
<p>Caminaron juntos al buffet, Sebastián le ordenó sentarse mientras el pedía los café. La volvió a mirar y la encontró perdida, como en otro lugar, parecía que no era ella, ni tampoco la misma que a la mañana le había tirado una jarra con agua. Le puso el vasito adelante de ella, tomó asiento y guardó silencio.</p>
<p>— Me volví a pelear con mi novio,&#8230; en realidad lo deje. —Los ojos miraban para cualquier lado— no sé si vas a entender. —Sebastián seguía mudo—</p>
<div class="img-center img-deco"><img title="Daiana tomando cafe" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/11/daiana-cafe.png" alt="Daiana tomando cafe" width="450" height="235" /></div>
<p>— ¿Por que me lo contás a mi?</p>
<p>— Creo que sos el único que me puede entender</p>
<p>— ¿Y tus amigas?</p>
<p>— ¿Ellas&#8230; amigas mías? ¿Estas soñando? Son compañeras de clase.</p>
<p>— Está bien&#8230; habla.</p>
<p>— Lo dejé —Sebastián volvió a guardar silencio y Daiana no sabía como comenzar— Me pidió casamiento&#8230; le dije que no y lo dejé. —Agachó la cabeza y enmudeció unos segundos— Me hace recordar a mi padre&#8230; en muchas cosas&#8230; me asusta casarme con alguien parecido a mi padre&#8230; —los ojos comenzaron a brillarles— No sé qué hacer&#8230;</p>
<p>— Yo tampoco —Dijo mientras la tomaba de las manos.</p>
<p class="sep">
<p>Caminaron de vuelta hasta la casa, esta vez ella lo abrazó y dejó escapar unas lágrimas.</p>
<p>Sebastián preparó la cena, y después limpió todo. Ella todavía estaba sentada, mirando la mesa vacía.</p>
<p>— Sebastián&#8230; gracias&#8230; por escucharme&#8230;</p>
<p>— De nada —Y entró en su cuarto a dormir.</p>
<p class="sep">
<p>Sebastián<img class="img-right" title="Sebastian sorprendido" src="http://www.dientuki.com.ar/wp-content/uploads/2008/11/sebastian-sorprendido.jpg" alt="Sebastian sorprendido" width="300" height="310" /> se levantó temprano, preparó el desayuno y fue hasta la puerta del cuarto de Daiana. Levantó la mano para golpear la puerta y una duda lo invadió, no sabía si despertarla o dejarla dormir un poco más. Cuando se decidió, la puerta se abrió y golpeo el aire.</p>
<p>— ¿Qué haces parado?</p>
<p>— Te venía a despertar&#8230; el desayuno ya está listo. —Daiana miró por sobre el hombro de Sebastián y vio la mesa con todo preparado.—</p>
<p>— Mm&#8230; fuiste a comprar <a title="Wiki: Facturas, se denomina asi en Argentina" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Facturas">facturas</a>, gracias —Lo abrazo bien fuerte y Sebastián no supo que hacer.—</p>
<p>— De nada&#8230;</p>
<p>Daiana fue a sentarse a la mesa, con una mano le ponía azúcar al café y lo revolvía, mientras con la otra, elegía una medialuna y la comía. Sebastián la miraba, cada vez entendía menos el carácter tan cambiante de ella, el día anterior estaba destrozada, y hoy, se encontraba como si nada hubiese pasado.</p>
<p class="sep">
<p>Sebastián fue a clases temprano, y no la vio en ningún lado, tampoco cuando salió de clases, le parecía extraño. El camino de vuelta parecía diferente, últimamente lo hacia junto a Daiana y, aunque no lo quisiera así, se estaba acostumbrado a su compañía.</p>
<p>Llegó a la casa y la encontró sentada, con los brazos cruzados sobre la mesa y la cabeza apoyada en ellos. No hizo ningún gesto al escuchar abrirse la puerta.</p>
<p>— No fuiste a clases —Daiana no reaccionaba— Me preocupaste un poco, pensé que te había ocurrido algo en el trabajo, o camino a la facultad. —Al acercarse Sebastián creyó oír un débil llanto—¿Estás bien?</p>
<p>Daiana levantó la cabeza y lo miró, tenía los ojos hinchados y rojos de tanto llorar, y en las mejillas había un camino de lágrimas secas. Se paró, lo abrazó bien fuerte, y volvió a llorar un poco más.</p>
<p>— Está bien&#8230; ¿Qué paso?</p>
<p>La abrazó, tratando de consolarla sin saber de que. Ella se separó de él y fue al baño. La miró irse, y notó que llevaba puesto un vestido negro. Estuvo unos minutos dentro y cuando salió ya no había rastro de lágrimas.</p>
<p>— Te estaba esperando, no puedo ir sola&#8230; me es difícil.</p>
<p>— Esta bien&#8230; pero ¿a dónde vamos? —Creía saber la respuesta.</p>
<p>— Me llamaron al trabajo&#8230; cinco minutos antes de irme. Pasó hoy a la tarde, él estaba manejando, creen que se distrajo un segundo&#8230; —No dijo más nada.</p>
<p>Sebastián la abrazo.</p>
<p>— Espérame un minuto y vamos para allá.</p>
<p>Dejó las cosas ahí tiradas y fue a la pieza a buscar un abrigo.</p>
<p class="sep">
<p>Volvieron tarde y muy cansados. Cada uno fue a su habitación sin arreglar un poco el desorden de la casa.</p>
<p><a title="Historia de dos, cuarta parte" href="http://www.dientuki.com.ar/historia-de-dos-iv/">Continuara&#8230;</a></p>
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