Historia de dos IV
E
l despertador sonó, y siguió sonando mucho tiempo, hasta que se apago solo. Sebastián escucho los últimos ruidos por casualidad y logro levantarse. Preparo todo el desayuno y para despertar a Daiana, tuvo que insistir un rato. Desayunaron casi sin hablar, al final Sebastián trato de hablar algo.
— ¿Estas segura de querer ir?
Daiana agacho penosamente la cabeza, le costaba afirmarlo.
— Debo.
Sebastián acomodo todo rápido y los dos salieron. Daiana hoy no iría a trabajar.
Volvieron cerca del mediodía, ella siguió derecho a su habitación y Sebastián preparo el almuerzo. Cuando estuvo casi cocinado fue a la puerta del cuarto de ella y golpeo.
— El almuerzo esta listo.
No obtuvo respuesta, siguió preparando el almuerzo y al cabo de cinco minutos Daiana salió de su habitación, miro la mesa preparada y fue a abrazar a Sebastián.
— Gracias… por todo… no se lo que hubiese echo sin vos.
Ella dejo escapar unas lagrimas y Sebastián trato de consolarla sin saber como hacerlo.

Daiana comió sin ganas, obligada a hacerlo.
— No es necesario que estés conmigo todo el día, anda a clases hoy.
— ¿Estas segura?
— Si, no pierdas un día de clases por mi.
Dudo un poco, pero no quería discutir con ella.
— Esta bien, pero en el recreo te llamo para saber como andas.
Daiana asintió con la cabeza, tampoco quería discutir.
En el recreo la llamo, luego de varios timbrazos ella levanto el teléfono.
— Hola… ¿estas bien?
— Si… ¿a que hora salís?
— Tarde… como siempre.
— Listo, me tengo que ira a comprar algo. Chau.
— Chau. — Sebastián colgó resignado el teléfono y fue a disfrutar el break.
Recién había preparado la mesa y la cena se encontraba a mitad de camino cuando escucho como se abría la puerta y se sorprendió al verlo llegar temprano.
— ¿Que haces acá?
— El profesor no vino —Entro y vio la mesa preparada— Estas haciendo la cena.
— Si.
— Bueno… me voy a bañar.
Siguió preparando la cena mientras Sebastián se bañaba, de no ser por la falta de animo ya hubiese empezado a pelearlo por su falta de cortesía.
Salió del baño y encontró la comida lista, no le sorprendió verla activa ese día, sin embargo, dejaba traslucir su dolor en cada uno de sus actos.
— Saliste justo.
— Si… ¿que es?
— Un poco de esto y otro de aquello.
Probo la comida con desconfianza y descubrió que sabia bien.
— Gracias por preparar la cena, venia pensando que podía cocinar.
— Necesitaba hacer algo y no sabia como agradecerte todo lo que hiciste por mi.
— Conque me digas gracias me conformo.
— Esta bien, lo voy a tener en cuenta para la próxima, esto de cocinar no me gusta mucho.
La miro severamente tratando de no esbozar ninguna sonrisa pero le fue imposible, y ella lo acompaño.
El despertador sonó, lo apago y salió a desayunar. Otra vez estaba todo listo y Daiana ya estaba desayunando.
— ¿Vas a ir a trabajar hoy?
— No creo… no.
— Hace tres días que no vas.
— ¿Y cual es?
— Es hora de que vayas, por mas que estés mal tenés que ir.
Daiana se paro, fue a su cuarto enojada y cerro violentamente la puerta. Sebastián miro el café, no estaba sorprendido por la actitud de Daiana, era la segunda vez que se lo hacia, estaba dispuesto a ayudarla pero ella no quería.
Estudio todo el día, cuando se hizo hora de ir a la facultad preparo sus cosas y fue a golpear la puerta del cuarto de Daiana.
— ¿Vas a ir a la facultad?
No obtuvo respuesta y se fue.
Al volver de la facultad encontró, y ya había pasado a ser costumbre, la cena lista, comió sin ganas y se fue a dormir.
[...] Continuara… [...]
U_U
Sentí vacio esta parte…
Pero no está mal..
Sin comentarios…. como siempre dejas en que pensar que es lo que va a suceder y hay que esperar hasta la siguiente parte
Muy interesante lo que llegue a leer de tu blog!
Me tengo que poner bien al dia.
De mas esta decir que pasare seguido.
Abrazos!